Existen muchas razones que pueden llevar a una empresa a sufrir una falta de liquidez. No todas están relacionadas con una mala gestión o con un mal rumbo del negocio. Sin embargo, saber hacer frente a esta situación puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza.
Tener una falta de liquidez en una empresa es uno de los mayores miedos de los emprendedores y de las pequeñas empresas. Muchas veces se asocia el no disponer de dinero en efectivo con una mala gestión del negocio. Pero no tiene por qué ser así. Existen muchas razones que pueden llevar a una empresa a sufrir un descubierto. Saber enfrentarse a esta situación puede ahorrar muchos disgustos.
¿Por qué se puede producir una falta de liquidez?
Cualquier empresa que haya realizado aprovisionamiento de stock o que, simplemente, todavía no haya cobrado facturas pendientes, puede ser víctima de una falta de liquidez.
Ninguna de estas situaciones supone un problema de tesorería grave. Los gastos no son mayores que los ingresos. Simplemente se ha producido un descuadre puntual entre el dinero gastado y el dinero pendiente de cobrar. Si la situación se mantiene en el tiempo entonces sí será necesario analizar a fondo las cuentas de la empresa.
Es posible que se haya producido un encarecimiento de las materias primas que pueda provocar un ajuste del precio de venta. O, directamente, los ingresos han podido bajar por una disminución de la demanda. En estos casos habrá que estudiar cómo balancear las cuentas para que la situación vuelva a su senda normal.
¿Cómo hacer frente a la ausencia de dinero?
Como empresario o autónomo, en muchas ocasiones no tendrás la certeza del dinero del que vas a disponer a final de mes. Por ello, las empresas que “viven al día” suelen estar condenadas al fracaso.
Una gran técnica de supervivencia es tener una previsión de tesorería, de tal forma que se puedan estimar a 30, 60 o 90 días los cobros y pagos que se van a producir.
A nivel de pagos, hay que tener claramente definidas las prioridades: impuestos (incluida la cuota de autónomos), nóminas de empleados, proveedores clave y, por último, suministros y alquileres.
El control del stock es fundamental para evitar una falta de liquidez. Mucho dinero invertido en producto no suele ser una gran opción a no ser que vaya a haber problemas en la cadena de suministro. En este caso, disponer de suficiente stock te puede dar una ventaja frente a tus competidores que puede aumentar el flujo de caja.
Teniendo controlados los gastos futuros y sabiendo, aproximadamente, los ingresos que se esperan, puedes tratar de crear un fondo de seguridad para llegar a un balance de caja sano que no haga saltar el negocio por los aires.
Financiación externa. ¿Sí o no?
Cuando un problema de descubierto de caja se puede mantener un periodo prolongado pero es una situación prevista, puede ser interesante recurrir a financiación externa.
Por ejemplo, si se ha realizado una fuerte inversión en modernizar el equipamiento o se ha ampliado el equipo porque se están trabajando en nuevos proyectos. También en casos en los que la empresa vaya a crecer gracias a comprar otros negocios.
Para estas situaciones más particulares, quizá es recomendable acudir a financiación externa para no descapitalizar la empresa.
Pedir un préstamo para comprar un activo no es un problema. Pedirlo para pagar nóminas o aprovisionar stock, sí lo es.
Antes de recurrir a la financiación externa, es conveniente realizar un estudio completo de la salud financiera del negocio.

